La piba del subte – Capítulo I

3 de mayo – 2010

La gris mañana del mes de mayo me despertó de un pesado y tedioso sueño.

Voy abriendo los ojos, mirando mi entorno con pocas ganas, el aire olía a un día más, nada daba indicios de algún aroma fuera de lo habitual. Salí de mi habitación, pasé por el baño, y me vestí. Tengo el Récord Guinness de hacerlo todo en unos treinta y cinco minutos, superando el anterior que lo hizo un perezoso en treinta y dos.

Cebé dos mates amargos y salí rumbo a la calle, ese día fui hasta la estación de tren caminando lento, como siempre, paso a paso, mirando con desgano el día que tenía por delante, hacía rato que la vida andaba un tanto opaca en mis ojos.

En aquellos tiempos mi cabeza alojaba demasiada información inútil, problemas ajenos, política argentina, el mal momento futbolístico de Independiente, querer escribir y no poder concertar más que unas breves líneas las cuales ni siquiera contenían un dejo de amor ni de odio, en fin, abrumado intenté escabullirme en mis auriculares y música.

“La vida sin música sería un error” escribía un señor mientras sonaba Wagner en sus oídos.

Llegué antes de lo previsto a la estación de Plaza Constitución o eso pareció. El viaje en tren tuvo intermitencias en las que de vez en cuando salía de mi nube musical para mirar por la ventanilla sólo para ver un cielo nublado y árboles con unas pocas hojas secas en su copa.

Apenas baje encendí un cigarro, después de casi siete años aún tengo esa puta manía, aunque siempre intentando no tirarle el humo en la cara a nadie y así salvarme de ser el primer forro del día de alguien más.

Caminé por el andén, decidido a no seguir ese ritmo frenético que tienen las personas que llegan tarde al trabajo y seguí mi camino, cantando What a Wonderful World versionada por Joey Ramone. Si no la conoces deja esto, escuchala y volvé. Te espero.

Al ver el primer vagón de subte fui disminuyendo mi marcha dejando que la horda se encargue de su duelo a muerte sin mí, siempre me causó un tanto de gracia e indignación.   ¿En serio estas personas se empujan unas a otras por un asiento en el cual no estarán más de 11 minutos de viaje sentados? Que propensos que son a empezar un día de mierda algunos.

Baje en Diagonal Norte, y caminé en dirección a la línea B sabiendo que en el camino compraría mis trillados cigarros y mis caramelos de cada día en el kiosco que está justo antes de bajar en la escalera de Carlos Pellegrini, si, ese que está al lado de esa lencería grande llena de fotos de modelos semidesnudas las cuales han hecho chocar de frente, más de una vez, a dos hombres distraídos por unos senos ajenos.

Ahí, ese mismo kiosko fue la primera vez que la vi.

Mis ojos al parecer hablaron sin disimulo, ya que vi en el kiosquero una sonrisa que sugería haber entendido todo. Todo, con esa misma sutileza de encargado de edificio que ve bajar todos los días a un pibe con una mina diferente, pero se hace el re boludo, es más es capaz de tirarle algún centro si se complica el asunto.

Sólo pude reaccionar a sacarme los auriculares y a mirarla en silencio, increíblemente me quedé callado. Su rostro era blanco como la nieve, sí que era muy blanca, tenía el pelo negro como el carbón y una mirada profunda y misteriosa que me robaron un poco el aliento.

Jamás creíste en esa boludez del “amor a primera vista”. Hasta ese día lo veías como un recurso muy utilizado para el cine y toda esa parafernalia, sabiendo que siempre venderá el hechizo mágico de dos desconocidos que se ven en algún sitio incómodo para el amor, el tiempo se frena, la garganta se seca y se van las palabras hacia un lugar desconocido.

Boludeces, obvio.

No podés haberte enamorado. ¿O si? Imposible, siempre fuiste muy racional. Pensando el amor como una construcción del tiempo. Una cosecha de respeto, compañerismo y comprensión. ¿O acaso todo ese fundamentalismo filosófico sobre el amor ya carecía de importancia en ese mismo momento?

Todo mi ser quedó impregnado del encanto de esa bella criatura.

Apure al kiosquero para que me dé el vuelto y baje las escaleras lleno de ansias, esperando verla. El apuro tuvo su recompensa inmediata, ahí estaba, sacudiendo su cabeza de lado a lado, moviendo la comisura de sus labios, balbuceando alguna canción en inglés…

¿Vas a ir a saludarla? ¿O a pasar el día pensando en la posibilidad de no verla nunca más sólo por ser un cagón? ¿Cómo se hace esto? Nunca encaré a nadie sin conocerla de antemano, viajé nervioso sin saber si me animaría.

El trayecto se hizo más corto de lo que hubiera sido en un día cualquiera.

Intenté cruzar miradas con ella y me pareció que en uno de mis intentos me sonrió. Sonreí. Los hombres tenemos ese problema de confusión intensa, donde una mirada o una simple sonrisa nos dan alguna expectativa o chance, claramente irreal, de poder lograr el cometido.

Llegué a destino y baje, las dos cuadras hacia la facultad fueron parte de un tiempo efímero, habré caminado en un cierto trance ya que llegué sin recordar nada del paisaje. Ansioso entré y fui directo a ver a mis compañeros para contarles lo que había sucedido.

Todos oyeron mi relato hasta que uno lo interrumpió diciendo “¿Y no le dijiste nada? ¿Y si no la volvés a ver?”. ¡El flaco tenía razón! Tenía que solucionarlo…

¿Pero cómo iba a hacerlo?

Wasp.


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24 comentarios en “La piba del subte – Capítulo I

  1. Tan real! Más de uno nos habremos sentido identificados con este excelente relato. Aunque en mi caso, al cruzar miradas me hubiese sentido perseguido a que ella se sintiera acosada del mismo modo que pasa cuando vas en una calle solitaria caminando detrás de una mujer y cruzas al frente para no incomodarla ja. La vida está llena de relatos mágicos, por eso felicito al autor por este capítulo.
    Espero más!!

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  2. Me gustó; el principio me pareció un poco lento, como describiendo cosas que no eran tan relevantes, pero a la vez me generaba expectativa de qué iba a pasar. Desde que la viste a la mina agarra el ritmo necesario que me atrapa y está bueno ponele cuando pusiste lo que pensás antes de hablarle. Es linda la transparencia del escritor.
    Mis mejores vibras con tu historia! quiero ver cómo continúa y te felicito por animarte!

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