La piba del subte – Capítulo III

10 de mayo – 2010

Han pasado siete días desde que cruce a la belleza de rostro blanco y seguía sin concretar un mano a mano. A ésta alturas andaba flotando en el aire. Salí a pasear, siempre lo disfruté mucho.

Caminé escuchando música con mi mochila y cuaderno a cuestas, nunca se sabe cuándo te puede agarrar manija de escribir y aunque lo que lograba por entonces era algo más que mediocre el intentarlo por lo menos me calmaba. Fui hasta la plaza que estaba a unas veinte cuadras de casa y me senté a ver cómo padres e hijos se sonreían unos a otros.

Deseaba ésa sonrisa para mí, sabía quién podría dibujarla en mi rostro, pero no cómo encontrarla.

Habré estado no más de una hora y media mirando el mundo pasar, sonreír, gritar y discutir.

Me paré molesto y con el cuaderno vacío, lentamente fui hacia casa, quería estar en mi zona de confort donde todo es más seguro, las reglas se atañen un tanto a tus caprichos y donde estaba mi maravillosa familia.

(Tal vez más adelante les cuente algo sobre sus valores, enseñanzas, generosidad y amor. Tal vez.)

En la casa de mis padres siempre se pudo conversar el tema que sea, más con la personalidad de mi viejo siempre tan encima de todos, no sé bien si es por un total interés en cada persona que quiere o porque tiene alma de panelista de programa de chimentos de América TV por la tarde.

Con mi viejo nos conocemos demasiado, y hacía días me venía preguntando qué pasaba de nuevo.

-“Que pasa que estás tan sonriente?”

-“Nada papá.

-“Hace días andas con una cara de boludo terrible que intercalás con sonrisas de enamorado. ¿Qué pasó?

-“Nada importarte, una boludez hace una semana vi a una flaca en el subte y quedé obnubilado, y no dejo de pensar en ella.

Luego de contarle la historia, con sus respectivos detalles, nos empezamos a reír de las repeticiones familiares con una distancia de veinticuatro años entre él y quién les escribe.

…Mi viejo era un joven de 20 años, si como yo hoy en día, era rubio de ojos verdes claros y flaco (distando de su peso actual cabe aclarar) y no tenía ningún tipo de problema para conocer mujeres. Traía en sus genes una labia heredada de su padre, el cual quedó huérfano a los diez años y se crio solo, logrando a su edad adulta tener cuatro hijos de los cuales mi viejo era el menor y más parecido a él.

Mi padre trabajaba en un bróker de seguros, y la empresa decidió poner un stand en La Rural, ése cambio de lugar de trabajo hizo que él tome el subte D ese cuatro de agosto de mil novecientos ochenta y seis.

En la otra vereda de la historia está mi vieja. Una mujer de largos rulos, de fina silueta y ojos verdes llenos de cariño. Había viajado el día anterior desde Don Orione hasta Palermo, Santa Fé y Agüero, para festejar el cumpleaños de su abuelo de manera que tuvo que tomar el subte D para volver a su casa.

El destino comenzaba a jugar sus cartas y mi viejo ya tenía doble par con Ases en mano y Joker´s en mesa, esperando un Full House en la próxima jugada para jugar su All In sin dudas.

El día tenía una humedad terrible y él se resbaló en Diagonal Norte teniendo que agarrarse del hombro de ella para no caer, sí que casualidad ya que la venía observando desde la estación Agüero, boludo le dicen ¿no?

Cada uno siguió su camino.

Al llegar a Plaza Constitución él se fue a comer pizza hasta que la vio pasar, dejó su comida y salió apurado.

Subieron al mismo tren, mi viejo se bajaba en la estación Temperley pero con un doble par en mano no te podés cagar. Decidió seguir hasta donde sea necesario para jugar sus cartas.

El tren hizo su parada en Adrogué, hasta allí conocía él, de manera que ya empezaba a rogar que se baje y no alejarse más de su casa.

Próxima estación, Burzaco y allí bajaron.

(Cabe aclarar que durante el viaje intentó sacarle alguna conversación, pero ella no le dio ni pelota.)

Mi vieja se fue rápido hacia la parada de colectivos y tras ella él.

La invitó a tomar un café. ¿Cómo cambian los tiempos no? Hoy las parejas se conocen por Internet stalkeándose meses antes de interactuar en la vida 1.0. Las palabras de mi vieja fueron “No puedo, me espera mi mamá” bajo un haz de inocencia juvenil de sus veinte años.

No tenía nada que perder entonces la vio tiritar de frío y, luego de sacarse su campera de jean Wrangler la puso sobre sus hombros. Si señores todo un caballero.

-“Pero, ¿cómo te la voy a devolver?”

-“Me podés llamar y así tomamos ese café con tiempo” comentó mientras sacaba su tarjeta personal de su billetera de cuero marrón.

La cuarta carta fue un as, full house, all in. Juego ganado.

Imaginen como ganó la partida que hoy existo y puedo escribir esto.

Nos reímos sabiendo que su historia y la que me estaba pasando tenían un hilo conductor muy grande.

Sólo había una gran diferencia entre él y yo…

Él actuó sin dudar y yo solo esperé…

Wasp.

 


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2 comentarios en “La piba del subte – Capítulo III

  1. Me parece que escribir desde las experiencias y un lenguaje cotidiano rompe con la idea de que solamente lxs cultxs pueden leer y está re piola. Además, el juego de diálogo con el/la lector/a es muy bueno!!!! Cap. IV !!!!!!!

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