La piba del subte – Capítulo IV

7 de junio – 2010

A esta fecha ya la había visto en varias ocasiones, en algunas ni me animaba a cruzar miradas, en otras buscaba regalarle mi mejor sonrisa, pero ya hacían diez días que no tenía novedades de ella.

No voy a catalogarme como un galán ni como un abanderado de la vergüenza, pero esta flaca me descolocaba de tal manera que me sentía como todo un BOLUDO. Sí, en mayúscula, sin disimulo. Es como ir pensando: “Actuá normal, actuá normal!!!” y por ir boludeando golpearse la frente con un cartel, sí me pasaron varias de esas.

Pero… Hoy la volví a ver, ahí estaba.

¿Cómo puede ser que esa flaca brille tanto? ¡Se los juro, nunca vi un brillo así en alguien! Años después comprendería que esa luz quedó en ella. Sólo en ella…

Esta vez no iba a tocarle el culo al destino, y después esconder la mano. Tenía que actuar sin excusas infantiles, o dejar que otro ponga los huevos en la canasta que yo no me atrevía a llenar.

Decidido a bajarme en la estación que sea, faltar a la clase y a invitarla a desayunar, fui planeando mi estrategia.

(Ya deja de mirarla, se va a asustar gil.)

Les cuento que un pibe de zona sur con veinte años como yo, generalmente no tiene mucha guita en el bolsillo, pero eso no me importaba demasiado. Con que alcance para un desayuno para ella yo estaba bien, no iba a avergonzarme por eso, a fin de cuentas, lo más complicado era decir “hola”, el resto sería historia, confiaba en que podría hacerla reír un buen rato y que eso tape cualquier nervio o inseguridad mía.

¡Bajó en la estación Callao, la seguí pensando en que el destino me daba una gran mano! Era la misma estación en la que bajo cada lunes, miércoles y viernes para ir a estudiar.

La seguí a distancia, me mire en una vidriera e intente peinar mis rulos desastrosos. Al pedo, nunca fui parte del club de los que se visten bien, ni de los que saben combinar colores o les interesase como se ve su pelo o cuerpo. Pero igual me intenté peinar, cualquier excusa era buena para dilatar mi tan temida empresa.

Imaginen esto, hace semanas sentís que el amor a primera vista puede existir, que te retroalimentas de palabras para animarte, pasas más de diez días (desde que realmente decidiste hablarle) sin verla y el día que te animás y la tenés a sólo diez pasos te tiemblan las piernas loco. De verdad, me transpiraban las manos y todo el plan se desmoronaba ante mi nerviosismo.

Aun así, me dije a mi mismo que éste era el día.

Volví a mirar hacia adelante, caminaba apurada, llegaba tarde a algún lugar claramente.

Me reí porque iba hacia el mismo lado que yo, me volví a reír pensando en que sería una locura que estudie donde yo.

¿O no?

Pasó de largo Buttman, es ese sex shop gigante que está sobre Avenida Corrientes el cual queda casi al lado de donde estudiaba. Tengo un dato más, no labura vendiendo consoladores ni películas porno. Para calmarme siempre hablo boludeces, así que mataba los nervios con risas.

Diez pasos más y giró a su derecha ingresando ahí mismo donde hacía unos meses empecé a estudiar.

Me quedé helado.

Esto no es posible.

¿Hace muchísimos viajes que la veo y nunca me percaté que estudiaba acá?

Me apuré por entrar, pero ya no estaba

¿Ésta piba camina o vuela?

Con poco aire en los pulmones, puto cigarro, encaré al que trabajaba de seguridad en la puerta.

-“Viste a una chica blanquita de pelo negro que entró recién?

El flaco y yo, en más de una ocasión, habíamos entablado charla entre mates amargos así que jugué una carta de favor.

-“Si, la ví. Subió en el ascensor. ¿Por qué?”

-“Necesito saber su nombre, haceme un favor la próxima vez que entré… ¿Le pedís el DNI?

-“¿Estas loco pibe? No puedo hacer eso, olvidate

-“Tenés razón pa, pero haceme otro favor entonces, si de casualidad escuchas su nombre decímelo

Me miró con cara de “pobre pibe, le debe fallar”, lo saludé y fui hacia mi clase.

Comencé a gestar mi plan. Pensá pibe.

Ya sabes que estudia donde vos lo hacés, tenés una gran ventaja, ya no necesitas esperarla aleatoriamente en el subte. ¡Bien pibe! Intercalaba pensamientos de positividad y de extrañeza:

¿Cómo no la había visto antes? Ya no importa.

Por esos tiempos no usaba Facebook ni lo entendía. El MSN seguía siendo furor, así que decidí hacerme una cuenta, averiguar su nombre y contarle lo que me pasaba intentando no quedar como un stalker, o algún tipo de esos degenerados que miran mujeres con cara de enfermos, ya que acercarme a ella era más complicado de lo que creía.

En cada break estaba rodeada de no menos de veinte personas, y encima más de la mitad eran mujeres.

Así que fui preguntando a mis conocidos si alguno sabía cómo se llamaba.

-“Sí, esa flaca que está ahí, ¿alguno la conoce?”

Un pibe, al cual nunca registré demasiado y no recuerdo su nombre, respondió que sí, pero que no me iba a decir nada, también agregó que cursaba una materia con ella.

(Comentario aparte para decir que no estoy orgulloso de lo que le dije para que acepte darme la información, pero tampoco avergonzado)

Le pedí que me diga nombre y apellido, su sonrisa burlona y su infantilidad me saturaron muy rápido.

(¿Qué clase de pendejo boludo era este?)

Le dije que si no me lo decía y dejaba de reírse lo iba a golpear contra la pared hasta que hablase. Su sonrisita se desdibujó y cuando estaba sobre él simplemente dijo:

-“Se llama Lucila

-“Y su apellido también” dije mirándolo serio.

(Lucila, que lindo nombre, hasta esa fecha no lo había escuchado jamás.)

Como no entendía el uso de Facebook esperé a subir alguna foto y algún contenido como para que no parezca una cuenta fantasma o algo raro, esperé tanto que podría hacerlo un poco más si eso tenía su rédito.

A todo esto, yo ya estaba convencido de que ella me miraba y me devolvía alguna sonrisita, ahora ya en un lugar físico, más seguro y estable para cualquier tipo de conversación y/o acercamiento.

En ese momento sólo debía esperar un poco más, no valía la pena acelerar nada.

La confianza volvía a abrazarme, y el destino apoyaba su mano sobre mi hombro riéndose de lo que me hizo sufrir hasta saber que siempre la tuve cerca, solo debía ver mi entorno en vez de vivir mirando.

Wasp.


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Encontrá todo acá: Memorias de un Pibe de Barrio

 

 

6 comentarios en “La piba del subte – Capítulo IV

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