La piba del subte – Capítulo VI

11 de junio – 2010

Cual infante lleno de pudor esperé a que el círculo de mis compañeros, que estaban en la vereda de la facultad, se cierre y comience su charla matutina. Girando sobre mi eje y con un leve movimiento de mano animé a que se acerque a un punto intermedio entre ambos grupos.

Esa fue la primera vez que la pude tener tan cerca…

Nuestras sonrisas se enfrentaban una a la otra, mientras que los cachetes ruborizados daban un marco idóneo para un gran comienzo, ninguna de esas películas berretas de Hollywood podría haber superado esto.

Nuestros ojos tenían su propia coreografía, bailaban bajo el encanto y misterio de lo nuevo y eso electrificaba cada extremidad de mi cuerpo.

¡Me encantaba!

Por un lado, el pibe que se enamoró en el subte y por el otro, la flaca que le abre una ventana para demostrar que todo puede ser genial si uno se anima, para comprender que sólo se necesitan dos sonrisas al unísono para que un momento quede grabado como único, simplemente genial ¿no?

¿Qué podría llegar a salir mal?

Para salpicar aún más la escena de cosas naif, que creábamos paso a paso, saqué un alfajor cachafaz de chocolate y se lo hice guardar rápido en su bolsito.

Les cuento que no era tan boludo en el pasado, pero con sólo verla quedaba totalmente desarmado.

(Sé que alguna vez les habrá pasado, sino esperen que ya van a saber lo que es.)

Pasados los quince minutos previos a las 10 AM llegaba el horario de volver a las dos últimas horas del día de clases.

Paren el mundo que me quiero bajar“, no se me va a escapar, hoy no.

Tengo mi chance, mi disparo de flecha, mis ojos entrecerrados y el pulso al palo, ¡acción!

-“Che, no entremos a la clase, es un lindo día. ¿Vamos a dar una vuelta? Y después si querés comemos algo.”

-“Bueno dale” dijo con una hermosa sonrisa brillante, para luego seguirme por Avenida Corrientes.

Caminamos no menos de una hora, sé que hablé más de lo que ella lo hizo, algo lamentablemente típico en mi persona.

Fuimos a comer algo y ella se enteró muy rápido que no comía carne vacuna, de cerdo, queso, chinchulines, etc. entre tantas otras cosas y yo me enteré, por ejemplo, que usaba alcohol en gel porque no se lavaba las manos, claramente un asco, pero no importaba nada. No había nada más importante que conocernos, medirnos, sonreír y mirarnos como dos boludos, que el mundo siga girando que nosotros teníamos nuestro propio ritmo.

Me invitó a una de esas cadenas de cafetería donde hay muchas alfombras, música de fondo tranquila y mucho hipster con Ipad leyendo blogs como éste. Y aunque en el decorado general mi look (no look) no encajaba, sólo me concentraba en ver a Lu y saber, poco a poco, quién era esta persona.

Salimos del café y fuimos a caminar varias horas, no se el horario, pero el sol ya no se veía por ningún lado. Mi diversión comenzó a calcular cuánto tiempo la podía mantener entretenida y sonriendo.

Todo salía mejor de lo que pude haber anticipado, me sentía en terreno cómodo cada vez más rápido y eso sólo me hacía querer redoblar la apuesta.

Saliendo de Galerías Pacífico hice un pique corto al área y cabeceé, ella atajo la bocha sin problemas y me quedé corto de aliento.

Gente, me corrió la cara con tanta cancha que tenía que resolver rápido o sentía que el partido iba a ser una goleada en contra.

Con la velocidad de resolución en espacios reducidos que tenía Ronaldo, ¡el gran 9 eh! no el que se peina en una pantalla gigante, cambié de tema, hice algunos chistes rápidos y zafé.

Cruzamos Avenida Córdoba y nos sentamos en una hilera de adoquines de la plaza de Tribunales. Miramos un rato las estrellas y descansamos las piernas un rato.

Apenas se paró fui a fondo sin dudar y le partí la boca de un beso, no tuvo chance de decir nada. Y no sólo no se corrió, ¡me comió la boca!

En mi experiencia siempre el primer beso era una cagada, uno iba para un lado, el otro esquivaba, sin querer, destiempos de boca, los primeros besos no destacan en general gente.

Alejé mi rostro del suyo, no sin una previa caricia en su mejilla izquierda y la miré a los ojos.

Si hubiese mantenido el silencio tal vez hubiera sido un recuerdo mágico, pero no me contuve en nada. Sin filtro lancé:

-Lucila vos sentiste eso? ¡Gaaau, eso sí que fue raro!

(Ahí entendí que estaba totalmente perdido en ella, y también que sus ojos lo entendían a la perfección. Sólo esperaba que esa información no la quiera usar en mi contra alguna vez)

-“Si, la verdad que estuvo genial“. Dijo, mientras se acariciaba el brazo derecho lleno de piel de gallina. “Los primeros besos siempre son malísimos.”

¡Goooooooool!

¡Gol señoras y señores!

¡Me sentí como si con la 9 en la espalda metiese, en el minuto 93 un gol de cabeza ganando la intercontinental, levantaba la copa y sonreía frente a miles de hinchas!

Pero ese no sería el partido de mi retiro, sólo era el comienzo de una gran y larga carrera…

Wasp.

 


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Encontrá todo acá: Memorias de un Pibe de Barrio

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