La piba del subte – Capítulo VII

Mes de mayo – 2012

Muy lejos quedaron los sueños de vivir en esa nube rosada en la cual los aromas te dejan atontado y hasta lo deplorable tiene un brillo sutil y especial.

Habremos estados unos cinco meses separados en los cuales no tuvimos ningún tipo de contacto, a ésta altura cada uno sabía la importancia del otro en su vida. Llegó un punto en el cual teníamos una simbiosis tan fuerte, que una vez la crucé en la estación de trenes de Lomas de Zamora y todo a nuestro alrededor se modificó como si un hechizo medieval hubiera cambiado nuestro entorno.

Los pájaros que hace unos segundos cantaban de felicidad se quedaron en silencio mirándonos desde los cables de luz, el tren Roca salió de la estación de trenes con una sutileza tal que imaginé al maquinista viéndonos sin querer interrumpirnos, las nubes se movieron más rápido de lo habitual dejándonos con un sol tenue, sepia.

Desde que nos besamos por primera vez entendí el poder que tenía sobre mí, aunque no por admitirlo me gustaba, tampoco sabía cómo controlarlo.

La mire a esos ojos que me hipnotizaban, como consecuencia hizo lo mismo clavando los suyos sobre mí. Quise escapar, alejarme y olvidarme de ella, pero en breves segundos se me erizó la piel y me temblaban las manos como una presa asustada frente a su carnívoro depredador.

Sin poder evadir la magia del momento sucumbí en sus labios.

¿Lectores alguna vez vivieron algo así?

¿Sentir que cada beso borra todo lo malo que pasó?

¿Saber que es un error dulce, envenado y sediento de más, y aún así no poder frenar?

Sin mucho preámbulo coordinamos una cena romántica, la piel demandaba el hecho.

Nuestro encuentro más que sobre cenizas humeantes se realizó sobre carbones en llamas, sobre un fuego arrebatado de esos que queman la carne, sin dorarla ni cocerla, dejándola calcinada de ansiedad.

La pasión se dió en su casa, lugar que estaba vacío los fines de semana y que a veces usábamos como un búnker de amor, peleas y risas cómplices.

No hubieron palabras de más ni formalidades, ya no importaba nada más que la cercanía con el otro.

El fuego se apoderó de nuestros cuerpos. Cada beso y caricia quemaba una por una las razones de nuestra separación, nuestras pupilas no comprendían el porqué de estar alejados, conversaron entre sí, susurrando una misma frase “es una falta de respeto al amor la distancia entre quienes se quieren así, no es justo“.

La pasión arrasó, cual alúd, todo pensamiento racional dejándonos en jaque sin querer saberlo hasta el amanecer.

Dormimos con ese placer de saber que al lado estaba ésa persona especial.

Cuando me despertó no entendía bien el porqué me decía que vayamos a la farmacia, pero así lo hicimos, almorzamos y el día nos dió una sonrisa que duraría no mucho tiempo para mi sorpresa.

Una tarde me encontraba en casa de una clienta rusa, con mi viejo le pintábamos la casa. Anya era su nombre. Era una chica muy dulce que hablaba cinco idiomas de manera fluída y daba clases en Argentina, venía de una familia extremadamente rígida, pero se desenvolvía con una simpatía y dulzura que podría tumbar a más de un hombre.

Rápidamente nos hicimos amigos.

Anya me contaba muchas historias del mundo y, quien les escribe, la entretenía con palabras de política, cultura general y más de una historia rara para ella.

Una tarde, mientras Anya me explicaba cómo pronunciar la palabra “tirano” recibo un sms el cual decía lo siguiente:

  • De: Lucila “Estoy embarazada” Recibido 14:40

Entrecerré los ojos, intentando dar una forma real a lo que acababa de leer.

¿Alguna vez les paso?

¿Les llegó un mensaje más fuerte de lo que podrían soportar en ese momento cotidiano de un lunes, por ejemplo?

Cerré los ojos, y al abrirlos pude leer un segundo mensaje de texto que decía:

  • De: Lucila “No lo voy a tener” Recibido 14:42

Mi mente se puso en blanco, a mi lado mi viejo me veía marearme y cerrar los párpados con una lentitud preocupante. Creo que por unos segundos me abré desvanecido, él preguntó qué me pasaba y no pude tener el filtro necesario para maquillar la escena.

Pasé a mostrarle el teléfono, aún no eran las 15:00 y élla recién salía de su trabajo a las 21:00.

Miré a mi viejo y le dije: “Tengo que jugármela, lo sabés“, asintió luego de dejarme efectivo y partió para nuestra casa con la promesa en la boca de no contar esto a nadie hasta que sepa en qué situación me encontraba.

Recuerdo que caminé por Avenida Rivadavia desde la altura de Congreso hasta Flores, me sentía mareado, como si hubiese recibido una trompada en la nuca un día con ola de calor.

Llamé a Daniela, una amiga con el corazón lo suficientemente tierno como para acobijarme en esa tarde de mierda. Hablamos durante un largo rato, mientras caminaba y pensaba en qué decir, qué hacer, cómo hacerlo.

Caminé por horas hasta que las 21 se hicieron puntuales y la pude ver sentada en la esquina del Parque Rivadavia, llorando, sola y en la oscuridad, la abracé y comencé una nueva lucha.

Wasp.

 


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Encontrá todo acá: Memorias de un Pibe de Barrio

 

 

4 comentarios en “La piba del subte – Capítulo VII

  1. Perdón no quiero hacer un comentario molesto, pero acabo de empezar a leerte y fui leyendo un capítulo atrás del otro hasta que llegué a este, el VII. Este capitulo esta fechado como mayo 2012 y el próximo, el VIII como julio 2010. Me adelanté en la historia y me quiero matar!! (No me cerraba hasta que me percaté de las fechas).
    Entonces al capitulo VI le sigue el VIII?Tampoco sé por cuál seguir porque hay 2 capítulos (creo) fechados en mayo de 2012. La historia salta del 2010 al 2012??
    Espero q no te ofendas…no es la intención quiero seguir leyendo la histori hasta poder llegar a mayo de 2012.
    Saludos

    Le gusta a 1 persona

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