La piba del subte – Capítulo VIII

Mes de julio – 2010

¿Qué le regalarías a una flaca de la cual estás perdidamente enamorado pero aún no la conoces?

Esa premisa dio comienzo a mi mes de julio junto a unas semanas a los hombros de sonrisas por doquier, cervezas y noches de a dos.

El día diez  sería su cumpleaños número diecinueve y quería resolver mi presente cuanto antes.

Lo primero que decidí fueque un regalo material no era el indicado, no iba de la mano con mi personalidad, y si así fuese, tampoco tenía el dinero suficiente. Siempre detesté a esa gente de mierda que se la pasa sumando ceros a un regalo para sumarle importancia a un vínculo, siempre.

En mi cabeza desde que conocí la frase “Billetera mata galán” la contrarié con “Simpatía mata billetera” y si hay chances de poder demostrarlo, se hace.

Me puse a pensar en qué era bueno. Por esos años no vivía sólo y si bien cocinaba un poco más que decente no puedo decir que era mi fuerte, escribir ni pensarlo…

¿En qué soy bueno?

Medité sobre las materias que tenía en la carrera y retumbó en mi cabeza la palabra diseño.

Me senté en la computadora a mirar Facebook, en mi inicio se cruzó una foto de su viaje de egresados en la que la nieve se mezclaba con su sonrisa y se la veía de perfil, brillaba.

Sin mucho más preámbulo decidí hacerle un retrato. Compre unas maderas e hice un marco, lo pinté y me senté frente a mi carpeta de diseño, agarrando los lápices de dibujo, miré la fotografía y comencé a dibujar.

Durante el primer intento estuve muy concentrado durante una hora, cual trance dibujaba y dibujaba sin ver los avances. Luego de unas líneas finales alejé mi cara del papel y de la pantalla.

Nivele mi diseño a la altura de la misma…

Hasta la fecha no había visto en mi vida un retrato tan horrible. Le hice nariz de tucán, ojos de huevo y un flequillo más parecido a Jhonny Ramone que a ella.

Entre risas y enojo dejé la carpeta sobre el escritorio tapando el dibujo que me robaría varias noches hasta dejarme conforme.

Sonreí mientras pensaba:

¿Cómo iba a retratarla si nisiquiera sabía dibujar? jajaja.

Durante las siguientes ocho noches, habiendo terminado mi día de estudio y de trabajo, tuve la ardua tarea de transformar al monstruo de ojos saltones en el retrato más perfecto que un inexperto como yo podía hacer.

Enmarqué el retrato, que realmente no era malo y tomé el colectivo hasta su casa.

Al llegar me encontré con una mesa con once chicas, si once, entré con muchos nervios y la mochila en la mano dentro de la cual estaba mi presente.

Habré pasado la primera hora con su madre en la cocina bañado con un haz rosado sobre todo mi rostro, intentando escapar de las entrevistas múltiples que se avecinaban hacia mí.

Mi paz concluyó al llamarme una amiga de Lu, Sofía, y decirme con una voz muy fuerte:

Vení, vení, contanos como la conociste a Lu.

Entre sonrisas intenté evadir la energía dramática que todas depositaban sobre mí pero fue en vano, de manera de peleé contra mi pudor y conté la historia con el mayor detalle posible, no sin antes responder como en una conferencia a cada pregunta que me hacían.

Cuando di por finalizada nuestra historia levanté la cara para ver una sonrisa uniforme en cada una de sus amigas y por dentro sonreí.

Pasada la escena de pudor me desenvolví normalmente y pasé a ser “uno más” de dicha noche.

Fui al baño escapando de tantas voces femeninas, lavé mi cara y le dije al espejo:

Listo flaco, ahora dale el regalo y que sea lo que tenga que ser. No seas cagón

Sequé mi cara y manos para llamarla en voz baja diciéndole si podíamos ir a su cuarto que le quería dar algo, tomó mi mano y me llevó con impaciencia.

Entre manos temblorosas saqué un paquete que brillaba envuelto en papel dorado y se lo dí, pidiéndole un único favor: “No se lo muestres a tus amigas estando yo, por favor.

Lo abrió con ansias y se quedó con una mueca de sorpresa, pero de esas que te dicen que algo hiciste bien, esas que indican que el esfuerzo tuvo su recompensa, me besó, agradeció y abrazó.

Al terminar esa noche y dormir a su lado jamás podría haberme imaginado que tres años después al correr una tarde calurosa su cama encontraría ese mismo retrato en el piso, sucio y con el vidrio roto…

Wasp.

 


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