La Piba del Subte – Capítulo IX

Mes de mayo – 2012

 

Hola, ¿cómo estás?” fueron los primeros ecos de una voz temblorosa y llena de incertidumbre.

Su silueta fetal lo decía todo, no habría ninguna bella palabra que pudiese salir de esos tristes labios. Su rímel se había caído por sus mejillas dejando hilos de dolor hasta su mentón.

Quien hubiese visto la escena pensaría fácilmente que esa bella chica había sido engañada y el pibe intentaba explicar detalles para quedar impune, pero sabemos que no era el caso.

Intenté guardar silencio hasta que la escena cruda que estaba viviendo tomase un color algo más natural y conocido, esperé a ambientarme…

Luego de unos minutos de llanto incesante y de mi silencio sepultural intenté cruzar mi brazo izquierdo por sobre sus hombros, pero sólo conseguí que lo apartase con violencia.

Mi mente se poblaba de preguntas sin respuesta y sentía como algo se derrumbaba dentro de mi. Con un atisbo de valentía volví a iniciar una conversación la cual fue algo parecido a lo siguiente:

Estas segura?

Si

¿Y también ya tomaste la decisión? Fue algo en caliente lo de los sms ¿no?, decime que si

No, es lo que quiero hacer. No quiero tener un hijo, no ahora, no así.

Mis veintidós años entendían que no era ella el problema sino yo, no tuvieron la objetividad de pensar en lo que dijo sino en ver mucho detrás de esa frase, mis veintidós años entendían: “No quiero tener un hijo, no ahora, no así, no con vos.

Dale, pensémoslo juntos. No puede ser tan grave” dije intentando dibujar una sonrisa en mi rostro y ver una en el suyo pero no fue así.

Además entiendo que vos llevas todas las de perder, pero no podes decidir sin mí. No tan rápido NO ASÍ.”

Ya decidí” dijo cruzando sus brazos como quien eleva un muro protector frente a una amenaza.

Hoy, recién ahora 13:30 hr del día jueves veintitrés de febrero del año dos mil diecisiete, comprendo el porqué de su muro y de cuál era su amenaza. Necesitó tomar firmeza para no caer ante mis ideas y mi amor, su amenaza era que mis palabras ahonden tanto que el eco en su alma la haría ver la realidad de una manera diferente y claramente no era lo que ella se proponía a hacer.

Limpié el rímel de su mejilla derecha con una caricia y le dije con voz muy baja:

Vamos para adelante, podemos. Tenemos lo más importante: amor, pasión y juventud“, corrió la cara y sin mirar más que un punto lejano en la Avenida Rivadavia sentenció por última vez: “No lo quiero tener, no me jodas, yo decido“.

Poco a poco comencé a sentir que el aire que me rodeaba tenía un espesor diferente, cerré unos segundos los ojos y me mareé, respiré profundo para decir mi último argumento:

Hoy lo ves como un problema, pero será un amor incondicional de por vida, pero si no lo tenes será una solución para el hoy, pero una angustia para el mañana.”

Sentí que cada palabra era una bocanada de lo más profundo de mi ser, sentí que eso era lo que quería decir.

Su rostro comenzó a arrugarse y a dejar caer gotas saladas de dolor.

Entendí que no había retorno, la decisión se había tomado y todo giraba.

La mire con bronca, me levanté entre trastabilladas y baje las escaleras cruzando Avenida Rivadavia. No miré atrás, no quería verla, y mucho menos así.

Aturdido me metí al primer bar que encontré. Pedí rápidamente una cerveza de litro mientras miraba como mi entorno tenía tanta vida que me hacía sentir el hombre más gris de toda la Argentina.

No puedo recordar cuantas veces llamé al mesero, pero si que cuando salí de ahí no podía mantener el paso firme.

Cuando iba a mitad de la calle una frenada sobre mis piernas me despertaron junto a un “¿sos pelotudo pendejo? ¡casi te choco infeliz!“.

Giré sobre mi hombro derecho y lo miré desinteresado por la escena que estaba haciendo, luego volví a caminar mientras sentía la mirada del conductor enardecido en mi nuca.

Miré el teléfono eran casi las 23 y estaba muy lejos de casa, marque el número de Tincho y le pregunté si podía ir a Ciudadela y quedarme en su casa, que no me sentía bien.

La voz al otro lado asintió rápidamente con ese código de amigo que sabe que estas en la borderline y quiere estar, participar, ayudar.

Entre lágrimas corté el teléfono y comencé a viajar hacia su casa.

Al llegar me esperaba el abrazo de un buen amigo que preocupado me veía secar mis mejillas.

Sirvió un trago de mezcal y comenzamos a hablar, sólo puedo recordar una frase de esa noche:

O la acompañás sin reproches, o te vas. Vos podes decidir eso, aunque no decidas nada más pensalo. Si no te va a dar el corazón podes alejarte.

Se que la llamé y le dije que estaría en la que sea, luego vomité y me dormí.

Cuando una copa de cristal cae de una mesa y estalla sobre una baldosa no se puede volver a unir. Aún con la paciencia milenaria china habrían pedazos que dejarían de existir y su forma y su funcionalidad cambiarían para siempre.

Esa noche soñé que mi corazón era la copa, la mesa Lucila y la baldosa su decisión.

 

Wasp.


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Encontrá todo acá: Memorias de un Pibe de Barrio

 

 

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