La Piba del Subte – Capítulo XII

Mes de junio – 2012

El conteo llegó a su fin y ahí estaba mi nuevo yo, un par de ojeras hundidas, ojos rojos con mirada perdida y piernas débiles.

Nuestra visita fue breve, en su primer parte, ya que sólo nos dieron unos “medicamentos” (jamás entendí bien que eran, pero si su función) que “acelerarían el proceso de contracciones abdominales para poder simplificar la labor a realizar”, si algo así, contracciones.

La dulce imagen que generé de Lu terminaba de apagarse entre gritos y lágrimas de dolor, mientras su madre (Ella) y padre (El) miraban espantados la escena y sólo desviaban su mirada hacia quien les escribe para despreciarme un poco más, hundir más y más.

Todo se pone peor a mis ojos cuando El empezar a descomponerse y Ella colocó abruptamente un ansiolítico, no recetado, en su boca.

¿Qué era todo eso? Quedé igual de helado que ahora mismo al rememorar todo esto.

Cuando por fin el “medicamento” realizó su función tuvimos que salir a las corridas de su casa en Lomas de Zamora, como mi padre me había prestado su auto les dije que vayamos hacia él cuanto antes, para mi sorpresa había un remís en la puerta.

Quienes conozcan zona sur saben lo concurrida que es la Avenida Espóra.

El remisero al ver la escena colocó balizas y empezó a acelerar cada vez más, pasando al filo de los autos mientras iba en contramano.

Su manejar violento me llenó de una adrenalina que solo podía quemar acercándome más y más a ese auto. El trayecto no duró más de diez minutos, pero la intensidad fue tal que cuando bajé para ir a la clínica me sentía mareado.

Al ingresar la apoyamos directamente en una camilla y no la volví a ver hasta dentro de cuarenta, eternos y putos, minutos con la cara estrecha por el temor.

Por segunda vez tuvimos la noticia de mano del doctor que no pudo realizarse lo que fuimos a hacer, intentaré dejar en claro lo que me dijo ya que no sé cómo decirlo de otra forma:

“Hace años que hago esto, algo extraño sucedió el feto se movió hacia la parte superior y no facilitó la labor. De manera que prevalecemos la salud de la paciente, habrá que esperar una semana más para que aumente su volumen y sea más sencillo.”

Se me revuelven las tripas al leer lo que acabo de explicarles, mejor les explico cómo me sentí ahí mismo, el hoy ya fue.

Mis nervios se descargaron en una pared, que realmente era muy dura jaja, y el resto lo guarde para mi soledad.

Al salir agarré a Lu de la mano y la subí en el asiento del acompañante, mis ojos llenos de odio le señalaron el asiento trasero a mi suegra.

El viaje comenzó muy mal al tener a la madre de Lu gritándome barbaridades mientras intentaba manejar, mi triste acompañante no tenía fuerzas ni para entender la situación. Cuando estaba por explotar frené el auto de inmediato y le grité que se bajara ya mismo, que no respondía de mis acciones si no lo hacía.

Se que me siguió gritando hasta que bajé le abrí la puerta y la hice salir, sin tocarla en ningún instante cabe aclarar, cerré la puerta e hice que vuelva las quince cuadras restantes.

Lucila me miró con furia, intentaba putearme pero seguía un tanto anestesiada.

La miré sin decir más y la llevé a su casa, la cuidé cuanto me dejaron sus padres.

Luego manejé casi media hora para poder refugiarme en los brazos de mi mamá y papá.

 

Wasp.

 


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