La Piba del Subte – Capítulo XIV

Mes de julio – 2012

Mis opciones se habían agotado y mis brazos se hundían en barro mientras más intentaba pelear.

Unos pequeños detalles habían quedado en mi recuerdo, pastillas. Sé que usaría pastillas, pero ¿eran seguras? Decidí leer sobre los usos y descubrí que el habitual era para tratar el reuma.

Mi llamada la despabiló de un sueño en donde caminaba sola, vestida de blanco por un monte. Mientras más pasos daba hacia la luz que sobresalía de aquella lejana montaña más se oscurecía su entorno…

“Hola, ¿qué querés?” Dijo la voz detrás del celular. “Ya lo decidí no intentes…”

“Esperá! Calmate, asegurame que vas a estar bien. Sólo eso, vos hace lo que quieras” dije con tono apagado.

“Me voy a cuidar” susurro y colgó.

Los caminos que alguna vez fueron transcurridos de a dos hoy son surcos de un deambulante solitario. Recuerdo las veces que hemos sonreído, como conseguí su nombre, la primera salida…

Mientras más recuerdo, menos comprendo como llegamos hasta acá. Pero es nuestra verdad y ningún recuerdo ni substancia lograría poder cambiarla. Así que, ¿qué más podía perder?

Pasados diez días del mes de julio del año 2012 una chica que cumple veinte años se encuentra sentada en un frío inodoro llorando soledad, dolor y alivio.

El proceso se realizó en su casa, con la supervisión de sus padres y, claramente, sin mí.

Al otro día de lo sucedido fui a verla, como no me permitió estar en su “cumpleaños” iría a saludarla y a intentar robarle una sonrisa.

¿Una sonrisa?
¿Qué pensamiento más naif no creen?

Al llegar me encontré con la misma familia que a mis espaldas le decía a mi novia que no podía tener un hijo con un villero como yo. La misma madre que amenazó a su hija con no hablarle más si tenía un hijo conmigo. La misma que me traicionó.

Salteé las formalidades, ya ningún protocolo me sentaba bien, y fui a besarla.

La frialdad de sus labios se replicaba en sus ojos, manos y semblante.

Sus ojos evadieron el preámbulo de palabras tristes y pasaron a humedecer mis manos, nada tenía sentido. Verla despedazarse de dolor, ver la sonrisa burlona de mi suegra. Mi cabeza intentaba ser un pilar para Lu, pero el costo comenzaba a ser inmenso.

¿Alguna vez fueron parte de un dolor tan grande que pasado un rato se hizo habitual?
Si todo estaba dicho, ¿qué más hablar?

La conversación varió en diferentes temas hasta que, sin saber bien cómo, reflota el tema del doctor al cual le había pagado un servicio que no realizó. Lu me comenta que el dinero fue devuelto a sus padres, y como debía pagar las cuotas atrasadas del auto le pedí si me lo daba.

Los gritos empezaron como una voz lejana hasta situarse en mi sien. La madre, que estaba a bastos metros de nosotros, comenzó a insultarme diciendo que sólo había ido por la plata.

PUNTO APARTE.

¿De verdad alguno de ustedes cree que fui para recuperar la plata?
¿Alguien puede pensar eso realmente o es que alguna patología, que desconozco?
¿Tomó como presa ese cerebro y lo infectó de boludeces?

No voy a intentar quedar políticamente correcto con ustedes inventando una respuesta mía que no existió.

La mire con los ojos llenos de furia y la mande a la concha de su madre. Le dije que nos de intimidad y que se vaya a cagar. Acto seguido me paré y esperé algún gesto para saber si había entendido o no. Entendió.

Mi explosión generó un nerviosismo en Lu que invitaba a irme de allí.

Agarré el sobre con la plata, dejé un tibió beso en boca de una desconocida y salí a buscar aire fresco.

 

Wasp.

 


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5 comentarios en “La Piba del Subte – Capítulo XIV

  1. No dejes de perseguir tu sueño de hacer lo que te gusta. No lo dejes porque quien sea te diga “tenés que recibirte, tener tal laburo y comprarte X cosas” Lo que TENÉS QUE HACER es sólo lo que te haga feliz. Dejemos de repetir patrones de vida que “dicen” nos asegura la felicidad. Inventemos nuestros propios modelos de felicidad…esos que “dicen” son cosa de locos…y SI! pero loco feliz.

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