La Piba del Subte – Capítulo XVII

Mes de Octubre – 2012

“Vos sos policía hijo de puta, a vos te mato!”, grita el gigante de ojos rojos que tengo frente a mí.
Mi cerebro anestesiado se eriza tanto que despierta de su largo trance y rompe con los movimientos mecánicos que se generan con una música oscura que tiene éste lugar de fondo.

Recuerdo haber salido de casa el jueves.

¿Qué día es hoy?
¿Sábado?
No, no puede ser sábado, domingo.
Si, es domingo, ¿qué hice todos estos días?

El gigante tira sobre una mesa ratona una piedra de cocaína, la aplasta con una tarjeta, enrolla un billete de cien dólares y esnifa su dosis.

Pensá.
Se que el jueves estuve en El Palacio viendo a un Dj internacional, el viernes no lo recuerdo…
Sábado, el sábado estuve en Costa Salguero recuerdo algunas chicas, whisky, marihuana y no mucho más.
Después un departamento, si estuve en la casa de un amigo, El Pampa.
Él también sufre y La Ciudad de la Furia lo consume más rápido de lo que un cuerpo normal debería aguantar. Nuestras angustias se juntan en adicciones y noches sin sueño, nuestros días son rejuntes de resaca de cocaína y pastillas.


En la casa de El Pampa, en Palermo, con música tecno a todo volumen de fondo y euforia en la sangre decidimos ir a un antro cerca de donde estábamos.

Si, así es como llego hasta acá.

Un golpe en la mesa rompe mi introspección, el gigante sigue acá y nada cambió.

“Tranquilo, bajá eso. Es un conocido mío, no es policía. Vas a lastimar a alguien”, digo mientras veo un arma negra y tambaleante apuntar al pibe que tengo a mi lado.
El gigante de, ahora ojos rojos y pupilas negras dilatadas, apunta decidido para gritar
“¿De dónde lo conoces? ¿Vos también sos policía? Los mato a los dos hijos de puta!”

“Lo conozco de la noche amigo, tranquilo. Y no soy policía” le respondo serio mientras me saco la remera y le muestro los tatuajes que tengo y para que también vea que no estoy armado.
“No tengo nada de poli y lo sabes, y este flaco tampoco. Vení dejá eso.” digo para, paso seguido, acercarme a su hombro y empujarlo suavemente para que se siente.

Su mano derecha tiembla y no deja de sostener el arma, pero poco a poco la baja hasta desaparecer de mi vista.

“Alejate de acá, por lo menos por un rato” le digo al pibe que acabo de salvarle la vida. Sin mucho que decir se aleja del peligro, la barra es el lugar más seguro para él.

El gigante me mira arrepentido, algo en sus nuevos ojos me dice que está sufriendo mucho.
La charla hace que guarde su arma y pida disculpas a quién antes lagrimeaba por su vida.

Todo vuelve a la oscura normalidad.
El dj sube el volumen, las pastillas flotan por el aire y la mecánica corporal vuelve a florecer.

Las puertas del lugar se cierran tras un microgrupo de zombies con lentes.

Al llegar a la esquina encuentro a un pibe que hace horas me quiso golpear.
En su momento lo esquivé y se cayó al piso. Sigue en la misma posición en la cual cayó, al parecer está desmayado.

El gigante se acerca y pregunta si alguien lo conoce, respondo que era el mismo que me había intentado golpear antes de entrar al after, que no lo conocía ni me interesaba.

Con un movimiento brusco, el antes asesino de policías, le desprende unas cadenas de oro y el reloj. Todo se pone más oscuro.

Atónito me quedo parado mientras todo sucede.
Un grito a mis espaldas me dice algo de la policía, no entiendo bien qué hago en éste lugar y con estas personas.

Me duele la cabeza.

El gigante saca el arma y corre hacía un auto y grita “tranquilos la descarto por su llega la cana”.

Una cara le da identidad a al grito en ayuda de policía, es el almacenero de la vereda de enfrente.
“Traelo ya acá o te llamo a la policía hijo de puta” tuvo que decir para que, el ya desarmado mata policías, le haga caso.

Miro a mi alrededor y decido irme caminando.
La paranoia me come al oír una sirena de policía.

“Taxi!” Grito para luego subirme y seguir una tarde más sin dormir con algún nuevo y frustrado amigo que ésta realidad cruel me presente.

 

Wasp.


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Encontrá todo acá: Memorias de un Pibe de Barrio

4 comentarios en “La Piba del Subte – Capítulo XVII

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