La piba del subte – Capítulo XIX

Mes de Diciembre – 2012

El celular suena por décima vez, hace dos días no respondo.
Ya ni me molesto en ver quién es, son mis viejos. Alternan uno a uno sus celulares para encontrar a su hijo que hace cinco días se fue de su casa.
Los primeros no se sintieron tan largos, en algún espacio de relajación les enviaba un mensaje de texto y así ganaba más horas de placer sin costo.
Pero hoy no quiero hablar con nadie.
Estoy acostado en la cama de una de las cuatro habitaciones que tiene la casa en donde me estoy quedando.
La dueña “Ru” vendé pastillas, siempre zafa porque pertenece a gendarmería.
Hace unos meses una policía en Puerto Madero nos quiso secuestrar el auto importado de un abogado conocido y ella nos salvó, es más nos dejo ir sin cuestionamientos.
Pero no necesito a “Ru” ni a sus drogas, es mi quinto día sin dormir y siento que algo en mi cabeza esta mal.
Me quiero ir pero no puedo. La cama tiene un imán sobre mí, la oscuridad me da espacio para no verme, creo que me quedo. Si, me quedo.
El ringtone sigue de fondo y me dice que no va a frenar, decido mirarlo.
“Llamada entrarte de Lu♥”
Me tiemblan las manos pero decido atender igual:
-Dónde mierda estas pelotudo del orto? Vos sos imbécil? Decime te falla no? Te falla pelotudo?
Grita una novia asustada, mientras siento el caos llegar.
-Hola Lu, perdona es que no hay luz acá y no voy a ir a verte hoy.
Digo como un novio sin amor en la boca.
-Sos increíble! Llamé a tus papás, están aterrados! No pensas en nadie!
Dice como una mujer con el corazón rompiéndose.
Oigo un eco de su llanto, la siento tan cerca que siento como se humedece el celular con sus lagrimas, siento como todo cae en un agujero interminable y ella corta la llamada.
Tiro el celular contra la pared que linda al cuarto más cercano y uno de los pibes viene en mi ayuda.
-Vení, parate. Ya llamé a mi hermana ella te va a hacer compañía, no te deprimas.
Dice para luego colocarme dos pastillas de éxtasis en mi boca y darme agua para tomarlas.
Caigo en la cama y todo se oscurece, siento el final muy cerca y medito si éste es el momento de mi adiós…

-Abrí los ojos, dale boludo vine a verte! Dale bebé.
Dice una hermosa rubia a mi lado.
Al parecer me desmayé, bueno por lo menos estoy vivo.
-Hola Negri.
Digo para recibir un chupón en la boca que me calla de inmediato.
Al parecer en una de estas noches la rubia y yo pegamos onda.
La miro fijo y decido tirar todo mi presente a la mierda, la desvisto y paso a morderla.
El sexo me quita toda la oscuridad que llevaba por dentro y puedo salir a ver a los demás zombies que habitan la casa.
Los pibes mientras estaba en mi bad trip “aprovecharon” para ir a comprar provisiones.
Alcohol, algunas drogas, hielos rolito, liyos, y muchas cajas de cigarrillos eran relleno de esas cajas de mierda.
Mire a los demás y sonreí, todo iba a continuar.

En esa casa continuamos la gira dos días más hasta llegar a hoy, 30 de diciembre.
Juanma, Roberto, una flaca que no se como se llama y yo tomamos unos ácidos.
Al parecer se viene una tormenta y queremos ver las lluvias lisérgicas sobre nuestra piel.
Los 25 ácidos que teníamos se convirtieron en tres en algún momento.
Que pasó, pasó. Cuándo? Quién? Cómo? y dónde? no lo sé.
Las nubes sonríen y les sonrío, una me guiña el ojo y comienza a cantar una canción. Canto a dueto hasta que un golpe en el hombro me despierta para decirme que atienda de una puta vez el teléfono.
-Hola Lu, hola amor. Hola hola holaaa!
El llanto del otro lado del teléfono me dice que todo esta muy mal.
-No cambias más.
Grita mientras corta el teléfono.
Miro a mis amigos y les digo que tengo que ir a verla, tomo un taxí y estoy en su puerta en sólo unos minutos.
Una piba flaca, con ojeras y ojos llenos de tristeza me abren la puerta del palier.
Me guía con la mano hasta las escaleras y rompe en llanto.
Sus palabras me pegan más de lo que puedo tolerar.
Nunca me detuve a pensar en ella, desde que vivo como un zombie no puedo pensar en nadie más que en mi placer.
En mi ahogo, en mi escape.
Como un despertar entiendo todo, la miro fijo y le digo:
-Voy a cambiar confiá en mí.
Un abrazo de consuelo y unas manos pagajosas me llevan a la salida rápidamente.
La puerta se cierra en mi cara y el dolor se vuelve razonable.
Un largo y triste viaje me separan de festejar “fin de año” con mi familia.
Estoy seguro que llegaré, comeré y me desmayaré.
Miro por la ventana el cielo lleno de nubes y digo para mis adentros:
-Chau año de mierda, el próximo no vas a poder conmigo!
Cierro mis ojos y el mecer del colectivo me dan el sueño que tanto necesito.

Wasp.


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Encontrá todo acá: Memorias de un Pibe de Barrio

 

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